Parto

Recuperación de un parto por cesárea

Si el otro día os conté la parte “bonita” de un parto por cesárea hoy toca hacer lo propio con la otra parte…

Había leído que un parto por cesárea implicaba algo traumático y que conllevaba una recuperación lenta y dolorosa. Pero también es cierto que tengo amigas con historias de partos vaginales horribles y otras que si pudieran repetirían una cesárea.

En mi caso, centrándome en la parte física (otro día hablaré de la revolución hormonal), lo primero que recuerdo es la extraña sensación de no sentir las piernas (algo propio de la epidural y por tanto no exclusivo de la cesárea). En cuanto empecé a notar mis extremidades de nuevo, empecé a mover los pies. Ya sabéis: giros de tobillos para un lado y para el otro. Iba combinando eso con presionar las piernas hacia la cama. Conforme notaba más sensibilidad, más iba moviendo las piernas.

No podía hacer mucho más ya que al estar sondada tenía prohibido levantarme en todo el día. Dolor no pasaba ya que los calmantes iban en vena a toda marcha.

Al día siguiente, me dijeron que ya podía, y debía, levantarme. Con dolor, pero lo hice. Comencé a pasear por la habitación, siempre buscando un punto de apoyo (cama, sofá…) con una mano y con la otra intentando no retorcerme del dolor. Miraba a mi pitufina y aunque el dolor no cesaba me daba fuerzas para seguir moviéndome. Cuanto antes me recuperase antes podía estar con ella. Eso sí, al no tener ya la vía puesta, tocaba pedir los calmantes. ¿Consejo? No dudar en pedir. Si duele, y duele, hay que hacerlo.

Así estuve todo el día, con pequeños paseos, comiendo suave (e insípido) y pidiendo calmantes y compresas.

Me daba miedo el tema wc. Pero lo cierto es que fue muy bien la cosa. Lo bueno de la cesárea es que mis partes bajas estaban intactas. Ni episotomía ni rasurado ni nada. Enseguida pude evacuar por delante y por detrás, por lo que el gine dijo que lo comentase a las enfermeras para que me cambiasen la dieta e incluyeran algo sólido.

El médico me comentó que con dos noches en el hospital sería suficiente pero que me ponía una más para estar más tranquilos, pero que si yo quería irme antes (o después si me encontraba mal) que lo hiciese. Decidimos esperar. Pitufina nació un jueves y el domingo salí del hospital. Con la única indicación de revisar la herida a los 15 días, hasta entonces nada. Ningún tipo de cura. La llevaba tapada y me podía duchar tranquilamente.

Evitaba cargar peso (ni siquiera podía cogerla a ella y a sus 3 kilos), y hacer movimientos bruscos (Papá Pitufo me la colocaba en la teta y se encargaba de todo lo demás: pañales, baño, bracitos…Más la perra, la casa…; y mi madre nos traía la comida) pero salía a la calle. Desde el principio fuimos a pasear con ella, para que nos diera el sol a ambas.

Todo iba genial. Me tomaba paracetamol y nolotil de vez en cuando pero era soportable.

La cesárea se complicó

Así transcurrían los días hasta que el viernes empecé a tener pinchazos en la herida. La notaba como abultada. Esperé a ver si se pasaba pero por la noche vi que tenía sangre. Era rosada (no salía a borbotones) pero ahí estaba. Llamamos a mi madre para que se quedara pon Pitufina y nos fuimos a urgencias.

Me atendió el mismo gine que me había operado. Lo que me daba tranquilidad. Eso sí, ni se acordaba de mi, me llegó a preguntar “¿quién te ha operado?”. Y al contestarle que él, me respondió “Ya decía yo, que esta cesárea es propia de mi equipo“.

Me dijo que tenía líquido acumulado, que era bastante habitual (seroma lo llaman). No había infección pero había que abrir para sacarlo. Y así, a palo seco, me abrió por en medio de la herida y sacó el líquido. Ahí, sí, vi las estrellas. Después comentó que había que controlarlo cada día en el ambulatorio para que se fuera cerrando bien. Una semana estuvimos con curas diarias, paracetamoles y nolotiles. Era como volver al principio, apenas me podía mover. La herida fue cerrando bien y ya me dijeron que hasta dentro de 7 días no volviese. Cuando lo hice, ya me dieron el alta.

Tuve mala suerte. Sí, noviembre no se ha portado muy nosotros. Amenaza de bronqueolitis o tos ferina, varicela...Pero si no hubiera sido por el seroma, yo sería de las que no hablaría mal de un parto por cesárea. No lo elegí pero lo cierto es que ni ella ni yo sufrimos en el parto. Algo bueno ha de tener. Mejor consolarse así que atormentarse, ¿no?.  Siempre hay que quedarse con lo bueno.

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7 comments on “Recuperación de un parto por cesárea

  1. Haces bien en pensar así. Mi madre pasó por dos cesáreas y sin embargo dice que las volvería a pasar porque aunque en la mía tuvo una hemorragia después, dice que no fue traumático. Espero que pronto estés con tu pequeña, un besazo tesoro!

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  2. Yo tengo tres hijos. A dos los tuve por cesárea, y esas dos ocasiones fueron muy dolorosas para mí. Leyendo tu post me acordé del dolor terrible que tuve después de cada cesárea y de la dificultad para ponerme de pie. ¡Uf! Yo también tuve mala suerte. Lo que sí es cierto es que, por increíble que parezca en estos momentos, pronto llegará el día en que te hayas recuperado por completo. ¡Aleluya!

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  3. Un niño va a nacer

    Vaya que sí, que horror de Noviembre cielo… Es cierto que la cesárea es lo menos traumático, pero requiere una recuperación muy lenta digna de una guerrera. Tú lo eres.

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  4. Pingback: Compras imprescindibles para un recién nacido

  5. Pingback: ¿Es fácil portear?

  6. Pingback: Balance del segundo mes de mi pitufina: periodo de adaptación

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