Embarazo

Así viví mi FIV (V): Test y Ecoespera

La betaespera llegaba a su fin. A menos de 24h para hacerme el test de embarazo los nervios estaban a flor de piel.

Eso quizás provocaba que tan pronto sienta que tengo síntomas de embarazo y que dos minutos después los atribuya a la regla. Algo que me pasó en otras ocasiones. En ésta, además se une a que los síntomas también pueden deberse a la progesterona.

Por eso, a día 30 de ciclo y 14 post transferencia aunque llevaba dos días con:

-molestias en el pecho

-pinchazos en los ovarios

-molestias en el estómago

-mini náuseas

Sabía que no eran aclaratorios de una u otra cosa.

Intentaba mantenerme positiva, imaginarme la cara de la gine diciéndome que el test es positivo pero es verdad que también me estaba mentalizando para lo peor no sólo el negativo sino lo que ello conlleva.

Faltaba un día para salir de dudas, si la regla no aparecía antes.

Asimilando….el positivo

Fue todo muy rápido. Después de tanto esperar en apenas unos minutos me lo han dicho: estás embarazada.

Al llegar a la clínica me pidieron que orinara y pocos minutos después me enseñaron el resultado. La conversación fue  algo así:

-Enhorabuena, es positivo.

Contaba con ello.

-¿Te habías hecho un test?

No pero la otra vez ya me dio positivo y confiaba en llegar hasta aquí. ¿En sangre se puede saber algo más?

-No, en orina es más fuerte. Sólo repetimos en sangre cuando sale poco marcada la raya y en tu caso no hay duda. Es un positivo muy alto. Ahora a esperar a la ecografía de dentro de dos semanas para ver los sacos.

Y así finalizó todo. Temía una beta baja pero confiaba en una alta pero no en pipitest sino en sangre y que eso indicase que todo iba bien. Lo cierto es que era muy pronto para saberlo porque se estaba(n) acomodando en el útero pero aún no podía(n) haber empezado a formarse el(los) saco(s) y embrion(es).

Si las últimas semanas suplicaba por tener alguna náusea o vómito creo que en ese momento más aún…A esperar, otra vez. Cruzando los dedos para que la historia tuviese un distinto final.

La tortura de la ecoespera

Pensaba que ya había pasado todos los nervios y ralladas posibles durante la betaespera,  pero no, la ecoespera tampoco estaba siendo fácil.

Mi gine me mandó un email para felicitarme (este día no estuvo él). Le contesté que gracias pero que hasta la eco no me lo acabaría de creer. Me dijo que hacía bien, que es lo que tocaba. 

Seguía sin síntomas, más allá de molestias de vez en cuando como de regla, que yo atribuía a la progesterona.

Intentaba relajarme, ya que según dicen la mayoría de los síntomas empiezan a aparecer hacia la semana 6 (yo acababa de entrar en la 5) aunque unas los notan antes, otras después y otras nunca. Dicen que un 25% de las embarazadas no sufren náuseas ni vómitos, y que por eso en lugar de estar preocupada debería sentirme afortunada.

Pero no es que no tuviera esos síntomas, es que no tenía ningunos. Algo más de hambre y cansancio pero eso podía ser por mil motivos.

En fin, que intentaba disfrutar pero no podía evitar pensar en el “y si…”

1ª ecografía: el comienzo de un sueño

Llegaba la ecografía. Una ecografía que ponía fin a las dos semanas de ecoespera.

Al llegar a la consulta el ginecólogo me preguntó si estoy nerviosa, le dije que sí y me respondió que él también. Mi gine era un chico más joven que yo que acabó el MIR este verano. En un primer momento tuve dudas sobre su falta de experiencia pero lo cierto es que estoy encantada: le pone todas las ganas del mundo. Además, en el caso del tratamiento a seguir no era él quien lo marcaba sino un otro ginecólogo de la clínica.

En fin, era hora del momento de la verdad. De ver si mis bichejos estaban ahí o si se volvía a repetir el temido huevo huero, mi pesadilla todas estas semanas.

Me debatía entre mirar el monitor y la cara de mi gine, y prácticamente a la vez que veía que dentro del saco había algo escuchaba a mi gine decir “¡hombre, mira lo que hay aquí!”. Entonces nos explicó que ese punto que parpadeaba era nuestro bichejo y que tenía latido, y nos dice “vamos a ver si tenemos suerte y podemos escucharlo”. Y vaya si lo hicimos: alto y claro. Nuestro bichejo nos saludaba.

Miró a ver si estaba el otro pero no apareció. Se vio el saco vació. Le pregunté si se estaba repitiendo el mismo problema y me dijo que no tenía que ver, que era frecuente en casos en los que se transferían dos embriones que sólo quedase uno. Me dijo que estuviese contenta, que tenía las medidas correctas y con latido, que todo iba bien pero que eso sí, cautela sobre todo durante el primer trimestre.

Me comentó que el ciclo de TRA (tratamiento de reproducción asistida) había finalizado y que pidiese hora para dentro de un par de semanas hacerme otra eco con mi gine habitual.

Al salir de la clínica tenía una mezcla de sentimientos: feliz, aliviada pero también tristeza y miedo. Miedo a que el embarazo no prosperase (imagino que es un sentimiento común en las embarazadas, -era fuerte decir “embarazadas” y sentirme una más) y tristeza por el bichejo que no se quedó conmigo. Los dos eran de calidad A, pero sólo uno sigue conmigo. ¿Por qué? No lo sé.

Las chicas de la #infertilpandy que han pasado por lo mismo me aseguraban que es normal pero que ese sentimiento se va pasando y te quedas con lo bueno: por fin, estaba embarazada. Dentro de unos meses, tendría en brazos a Pitufina. 

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