Salvar la lactancia materna

Erre que erre con la lactancia materna

¡Qué diferente se vive el segundo embarazo! No sólo la gestación en sí sino todas las preocupaciones alrededor de la maternidad. Con Pitufina tenía tan claro que iba a ser mi única hija que imagino que por eso viví intensamente todo. No quería perderme nada. Y ello incluía la lactancia materna. 

Lactancia materna sí o sí

Antes de estar embarazada tenía dudas sobre el colecho, la lactancia, el renunciar al trabajo fuera de casa…pero durante los meses que estuve esperando a Pitufina leí mucho,y empecé a tener claro cómo quería vivir mi maternidad. 

El que la peque llegara gracias a un TRA y que me dijeran que iba a necesitar una cesárea para nacer reafirmó mi deseo necesidad de conseguir una buena lactancia materna. En aquel momento era como si pensara que mi cuerpo no podía negarme eso, que tenía que enviarme alguna señal de que podía ser madre, que la maternidad también era para mi. 

Por eso, a pesar de las dificultades que tuve, me empeñé en sacar la lactancia materna adelante. 

Así salvé mi lactancia materna

Desde el principio no lo tuvimos fácil. En el hospital la ayuda con el enganche y la postura fue prácticamente nula y los dolores eran muy fuertes. Me puse el famoso Purelán y luego me enteré de que fue un error porque lo que hizo fue infectarme las heridas. Gracias al Fb de Alba Lactancia aprendí que era mejor ponerme aceite de oliva o leche materna en las grietas y dejar el pecho al aire. Aún así, como las heridas ya estaban, cada vez que se enganchaba a la teta yo veía las estrellas. Por eso PapáPitufo bajó a la farmacia y me trajo unas pezoneras. 

Aunque había leído que eso podía dificultar la lactancia también había chicas que comentaban que a ellas les había ayudado. Como en ese momento nadie nos ayudaba, resultó que las pezoneras no eran las adecuadas.

La importancia de una asesora

Desde el hospital pedí hora con una asesora de lactancia. Me dieron el alta un domingo y al día siguiente la visitamos. Sobre las pezoneras nos comentó que eran una talla menor de las que necesitaba porque hay que tener en cuenta el espacio que hay que dejar para la leche, no sólo el tamaño del pezón en sí. Aunque el agarre era bueno, me recomendó otras posturas para facilitar la lactancia y nos recomendó que, lo antes posible, nos viera un pediatra porque Pitufina tenía muchos mocos y eso podía acabar en una bronquiolitis. ¿Cómo podía ser eso si acababa de darnos el alta un pediatra? 

El caso es que esa misma mañana una pediatra vio a Pitufina y confirmó el diagnóstico de la asesora. La cantidad de mocos que tenía la peque hacía que empleara toda su energía en luchar contra ellos en lugar de en coger peso. 

Por eso, para ayudarla, además de con las pezoneras la asesora nos recomendó un saca leches.  Pero no sólo eso, había que darle la leche con un jeringuilla. De esa forma, le animábamos a succionar. Vamos, que me pasaba el día con la peque en la teta o con el sacaleches. Todo eso, recién operada y con las hormonas a mil. Un cuadro. No ayudó que otro pediatra me dijera que había que darle biberón con leche artificial. Ese día tuve que contener las lágrimas en la consulta. 

Pero yo, erre que erre. Al menos hasta el cuarto mes de lactancia quería llegar. En esos momentos, plantearme más era de locos. 

¿El chupete acaba con la lactancia materna?

Cuando parecía que la lactancia se encarrilaba y Pitufina ya engordaba vino otro problema: mi varicela. La cogí en la consulta de un pediatra. Cuando entramos nosotros acaba de salir un peque que la tenía y a pesar de que en teoría la pediatra había desinfectado días después amanecí llena de granos. 

Al ir al hospital, no dudaron en ingresar a Pitufina por precaución. Estuve 10 días sin verla, con los pechos doloridos porque el sacaleches no acababa de vaciármelos bien. En ese periodo, a ella le ponían chupete. Con lo que a mi dolor físico y emocional, se unía la preocupación por el chupete. ¿Y si después de toda la lucha la lactancia materna se iba al traste por ello? 

Nada podía hacer. Esperar. Cuando le dieron al alta (básicamente cuando a mi se me secaron las heridas porque ella no se contagió) se enganchó sin problemas. Imagino que como ya había estado tres semanas en la teta, ya sabía como hacerlo. Y por eso, aunque a los pocos días la volvieron a ingresar cinco días porque le vieron un grano, el chupete no obstaculizó nuestra lactancia. 

Crisis de lactancia y ampollas en los pezones

Superado ese bache, la lactancia se fue consolidando. Poco a poco fui dejando las pezoneras. Pero llegaron las crisis o brotes de crecimiento. Aunque sabía de ellas gracias a la web de Alba Lactancia,  no podía evitar el desgaste que suponían. Pero después de todo lo pasado, el hecho de tenerla a todas horas al pecho no iba a hacerme desistir. Quería la lactancia materna sí o sí. 

Y no solo había que ir haciendo frente a las crisis sino también a las ampollas en los pezones que me salieron en dos ocasiones. Nuevamente, fue la asesora de lactancia la que me ayudó y a pesar de ver las estrellas, pudimos seguir adelante con la teta. 

 

Y los meses fueron pasando y yo empecé a disfrutar de esos, nuestros, momentos a solas. Por eso, aunque un pediatra en la revisión del año y medio me dijese que si seguía dándole el pecho Pitufina iba a ser muy pequeña seguí dandole el pecho. Me había informado mucho. La peque comía de todo y en cantidad. En esos momentos la teta ya era complementaria, nunca se la daba antes de la comida sólida. Es bajita porque por genética (imaginamos que de una de las abuelas) le ha tocado. Pero, salvo ese, ningún pediatra le ha dado importancia porque ella ha seguido su curva de crecimiento y nunca se ha puesto enferma. De hecho, Pitufín parece que también va a ser algo más bajito de la media. 

Y así, a pesar de todas las dificultades, hemos estado casi dos años de lactancia materna. Y seguramente si no hubiera sido porque este nuevo embarazo trajo el destete posiblemente aún seguiríamos con la teta. 

Pero, a pesar de que me siento muy orgullosa de haber conseguido pasar de esos primeros cuatros meses en los que lo veía todo negro, ahora lo veo de forma diferente. Sigo convencida de que lo mejor es la lactancia materna. Pero sé que si no puede ser no va a pasar nada. No va a ser un drama. No va a implicar que el lazo maternal con Pitufín sea menor. 

Deja un comentario