Mamá española en Alemania: Priscilla

Hoy vamos a conocer a otra valenciana que ha vivido su maternidad en Alemania. Priscilla (Mamá Extraterrestre) emigró a Munich aprovechando la flexibilidad de su baja por embarazo/maternidad “y porque el pan de debajo del brazo de Bichillo fue una oportunidad laboral de éstas de “solamente una vez en la vida” para su papá, que acabó alargándose de un año a dos y medio… “ Ella tenía claro que quería probar a ser mamá al 100% durante una época y cuenta que le vino genial el cambio de aires, aunque no supiera lo duro que iba a resultar cambiar de país al convertirse en mamá.

Ahora, de vuelta a España, nos comparte su experiencia como “mamá española en Alemania”. 

Mamá española en Alemania: Priscilla

– ¿Cuándo y por qué emigraste?

Pues he emigrado ya un par de veces reales, y ¡un montón de ellas en mi imaginación! La primera vez, me fui a estudiar la carrera a Londres con 18 años y siempre pensé que no volvería pero la vida me trajo de vuelta a España. La segunda vez, me fui a Alemania, hace casi 3 años, embarazada de 7 meses, a empezar una vida de cero con el que entonces era mi novio y ahora es mi marido y Papá Extraterrestre (jaja). También pensé que nunca volvería y en el último momento la vida siempre te sorprende… 

– Hace poco que has vuelto a España. ¿Es porque ha finalizado tu año sabático?

En parte sí y en parte porque queríamos “desidealizar” la vida de familia en España y experimentarla. Se presentó la oportunidad de hacerlo: se acababa mi excedencia y había que decidir entre prorrogarla con otra fecha de caducidad inminente o volver y probar a ver qué tal.

Cuando estás viviendo fuera siempre echas de menos cosas, siempre tienes dudas de si no sería mejor allá que acá, de si tu “yo” en España es más activo y alegre que tu “yo” en Alemania, de si la infancia de tu hija va a ser más rica en un lugar que en otro, de si tu vida de pareja sería menos “de puertas para adentro” si hubiera más planes para salir… 

Maternidad en Alemania

– ¿Cómo ha sido la experiencia de ser mamá en Alemania?

Desde luego, independientemente del país, ha sido una “experiencia” en toda regla. De aprendizaje, de autoconocimiento, de soledad profunda y agradecimiento y reverencia a la vida por las lecciones tan increíbles que he aprendido.

Y por lo que he deducido hablando con otras mamás, parece ser que convertirte en madre en el exilio es un marrón de los gordos… Yo me fui para allá enamoradísima, en mi nube rosa, sintiéndome Super Woman, con una ilusión enorme… A los pocos meses llegó Bichillo y el cuento de hadas se desplomó en cuestión de días. Un parto no respetado, un útero desgarrado, unas cuantas noches sin dormir, un bebé muy exigente y un puerperio interminable hicieron que los primeros meses de ser mamá fueran durísimos. La realidad nos pilló de repente, y no estoy diciendo que sea malo, sino que esa realidad, además de ser ya brutal de por sí (e inimaginable por alguien que no ha sido madre aún), encima estaba en otro idioma y sin subtítulos. 

Durante esos meses prácticamente el único nexo que tuve con el mundo fue a través de mi marido que al haber estado más 10 años allí habla Alemán y conoce la cultura y esos “pequeños detalles” que lo hacen todo un poco más entendible. Pero sobrevivir a esto a nivel individual, de pareja y de familia te hace más fuerte, y te coloca las prioridades de una forma fulminante. Y eso es un regalo inmenso.

– ¿Te parece un buen país para criar?

Sí y no. Depende de los principios y del momento vital de cada uno, supongo. Alemania tiene unas infraestructuras increíbles para los niños, está todo tan pensado y tan integrado en la sociedad que es un lujazo. Es un país donde los niños no son para nada invisibles y se les tiene en cuenta para todo, además las ayudas y ventajas económicas son bastante importantes.

Pero a mi siempre me faltaba la espontaneidad cotidiana que hay en España, que sobre todo se ve en el carácter de los peques, en esa alegría de las pequeñas cosas. La improvisación, el desenfado, la creatividad, la chispa de dejar que todo fluya sin obsesionarse por el control… Criar en Alemania era más fácil a muchos niveles pero requería un esfuerzo extra en casa para no olvidarse de sonreír. Quizás parece una razón tonta, pero estoy convencida de que allí sonreíamos muchísimo menos de lo que lo hacemos aquí. Y eso que aquí nos reímos mucho de lo desastroso que es todo, de las situaciones Almodovarianas que te encuentras en la calle, de chorradas enormes… pero la sensación es de ligereza, de libertad. Allí teníamos mucho en cuenta los modales y el civismo, es como cuando estas de visita y te portas bien, pero nunca llegas a sentirse tan tú como en “casa”.  

– ¿Cómo era tu vida allí?

Muy tranquila, rutinaria, sosegada, estable, Hygge... A veces bromeo con mis amigas refiriéndome a “mi retiro espiritual”. Pero la energía de Alemania que he percibido yo es de trabajar, de producir, de estar centrado con uno mismo y hacia un objetivo; todo es una maquinaria y todos encuentran su lugar, así que ha sido una etapa de las más enfocadas de mi vida. Este tipo de enfoque productivo nunca lo he conseguido tener en España.

La vida social era mucho más planificada y complicada: quedas menos y estás más en casa. Reservas antes de ir, miras el tiempo que hará… Por eso se invierte mucho en que el hogar sea muy cómodo. Tenía mucho tiempo de leer, de hacer manualidades, de jugar, cocinar… Y claro, el blog ha crecido mucho desde que empecé gracias a todo ese tiempo y energía de trabajo organizado y productivo.

– ¿Lo mejor?

La cantidad de cosas chulas para niños que hay, la conciencia de consumo ecológico y sostenible, lo que te acabo de comentar de la concentración de esfuerzo mantenida durante mucho tiempo… Hace poco escribí largo y tendido sobre esto mismo en el blog, sobre las “10 cosas que voy a echar mucho de menos de Alemania -y las 10 que estoy deseando perder de vista!-” y aunque al estar en España he descubierto alguna más, sigo bastante convencida de lo que escribí.

– ¿Lo peor?

La sensación de no poder escapar del “día de la Marmota”. Hay gente que le encanta esa rutina predecible y cuadriculada, a mí me gusta en pequeñas dosis porque me da estructura y me permite asentar proyectos y no irme por las ramas, pero por otro lado me agobia y me parece que tengo que renunciar a una parte importante de mí para que pueda existir. Otra cosa que no soportaba era que no hubiera pescado fresco y que las frutas y verduras supieran a plástico incluso en temporada. 

Y bueno, el carácter alemán tan serio, sobrio y contenido no lo echo nada de menos…

Regreso a España

– ¿Ha sido fácil el regreso? A nivel burocrático y emocional.

No… porque tú secretamente crees que vuelves, pero aunque estás en el mismo escenario todo ha cambiado, ya nada es igual… Tú no eres la misma, ahora vienes en “Pack de 3”.  La ciudad que conocías no está porque ahora vives en horario familiar. Ahora me descubro cerca de sitios que me encantaban y ni paso, porque voy buscando parques, lugares kid-friendly y cafeterías chulas para poder dejar jugando a la peque mientras rasco 5 minutos de paz con Papá extraterrestre… 

Pero lo más duro, sin duda, es haber desenraízado a Bichillo para meterla en este nuevo mundo en el que está perdida y no podemos ayudarla hasta que no nos reencontremos a nosotros mismos. De repente han llegado las pesadillas, las rabietas, la aclimatación a los “virus de guardería” españoles... Están siendo unas semanas intensas y de mucho movimiento.

De todas formas creo que llevo como ventaja el haber cambiado tanto de vida que ya sé lo que esperar a nivel interno de estas situaciones. Te confieso que en realidad soy un poco adicta a los cambios radicales… Y es que he descubierto tantos tesoros nuevos en mi misma por haberme permitido desapegarme de quién era y haber soltado lo que me limitaba, que tengo confianza plena en el universo y sus caminos. Los cambios, una vez sueltas el miedo y te tiras al vacío, traen enseñanzas profundas. Son siempre positivos: te enseñan herramientas que no sabías que tenías y te hacen aprender a guiarte por tus tripas. El “modo supervivencia” es en realidad un oráculo infalible.

-¿Qué diferencias ves entre las guarderías alemanas y las españolas?

Pues en general veo que los niños en España están más controlados, hay más miedo y menos confianza en la vida y eso está reflejado en las escuelas. Allí salen todos los días por los parques del barrio en el recreo, a revolcarse en el barro y a jugar con el agua, se suben a todo desde muy pequeños, se desarrollan a su ritmo estando acompañados, sin que nadie les vaya diciendo alarmado por detrás: “¡Cuidado!”, “¡Que te vas a caer!”, “¡No hagas eso que mancha!!”. 

Además en muchas escuelas, como en la nuestra, los niños están mezclados en edades, de 1 a 6 años, y esto crea una dinámica maravillosa: los mayores cuidan de los pequeños y les ayudan, los pequeños van con ellos porque aprenden cosas divertidas… Nuestra hija estaba fascinada con los mayores de la clase, ¡era como la mascota! Estos valores luego se ven en los parques, que son una sociedad en miniatura, donde normalmente los niños están pendientes de si hay bebés para no hacer el bruto, cederles el paso al tobogán o ayudarles si se van a caer. Hay inclusión y tolerancia desde la infancia.

Luego está el tema del tamaño de las guarderías, allí aunque también hay maxi-guarderías, se ven mucho las que son como mini-casitas, pequeñas, montadas en un bajo de un edificio, con horarios básicos (nada de las 9-10 horas de apertura que se ven aquí en España), y muchas de ellas están gestionadas por los propios padres. No son un negocio, son un servicio. La nuestra tenia 12 niños, dos profes fijas y una en practicas casi permanentemente. En nuestro barrio había un par de guarderías por calle, era exagerado. 

El conseguir una plaza también fue una pesadilla, hay una falta de guarderías increíble, y fijaos que os digo que Múnich estaba lleno de guarderías! Y es que está todo sutilmente organizado para que la madre se quede en casa con los niños hasta los 3 años, a partir de ahí ya puede encontrar una plaza de Kindergarten gratuita y todo se hace más fácil. Alemania también tiene sus luces y sus sombras… 

-¿Qué consejos darías a quien esté pensando en dejar Alemania y regresar a España? Son complicados los trámites?

Supongo que cada situación es diferente. Y yo no soy muy de dar consejos generalizados… Cada país tiene lo suyo y cada uno tiene que ir buscando donde resuena mejor, encontrando su verdad, su camino… es un tema muy personal.

Para nosotros los trámites no han sido complicados porque al volver al idioma materno todo se suaviza bastante. Además yo ya había vivido aquí muchos años y se cómo funcionan las cosas, no era llegar de nuevas. Para mi marido, que lleva desde los 18 años viviendo por el mundo, es todo un poco más complicado… incluso rozando lo surrealista a veces, pero hacemos nos reímos y punto.

Madre y blogger 

– ¿Qué supone para ti el blog? ¿Cuánto tiempo le dedicas?

El blog es algo que siempre estuvo ahí dentro de mí pero no había germinado porque no había tenido sitio para crecer. La soledad de Alemania y el cúmulo de experiencias vitales que me trajo la maternidad fueron el abono perfecto. Tenía la necesidad de compartir, de abrirme a gente que no me dijera cosas que ya sabía que me iban a decir, de encontrar caminos que presentía que existían, de identificar y ponerle nombre a mi forma instintiva de ser mamá tan distinta de lo que había visto siempre, necesitaba reconectar con esa parte de mí que tanto había buscado como músico a través del juego y la creatividad… Y como buscaba y buscaba y me costaba tanto encontrar respuestas, decidí empezar a compartir lo que descubría, desde mi punto de vista, por si alguien estaba igual de perdido que yo con ese tema…

Lo irónico es que cuando empecé Mamá Extraterrestre era porque Bichillo recién nacida era un bebé de altísima demanda y no me dejaba hacer NADA. Mi plan original era estudiar varias horas en mi instrumento mientras ella dormía y seguir con mi vida de músico, intentar hacerme un hueco en Alemania, tocar para gente, preparar obras, conseguir conciertos… Pero Bichillo no me dejaba separarme de ella. Era taaaaan frustrante que necesitaba hacer lo que fuera, cositas pequeñas, conseguir acabar algo, sentirme útil, volver a tener mi mente activa. Escribir en un teclado o leer en una pantalla era lo único que podía hacer con ella pegada la teta o durmiendo en mis brazos. Así empecé. Y con el tiempo me fui enganchando…

Y resulta que el blog no es muy distinto para mí de hacer música, simplemente es otro instrumento, otro lenguaje, para sacar lo que llevo dentro. Muchas veces me empeño en sacar adelante cosas que necesito escribir para mí pero “no sé para qué le meto tantas horas si nadie lo va a leer” y me he llevado grandísimas sorpresas con esos Post. Otras veces escribo porque he leído tanto sobre un tema que necesito hacerme mi resumen (del BLW, de las Torres de Aprendizaje…). Otras veces simplemente me apetece hacer un juguete o actividad y lo hago, lo documento y lo comparto. Otras veces nos ponemos a jugar a algo en casa con Bichillo y mola tanto que hago fotos y acabo contando la actividad que ha surgido, los materiales que hemos descubierto o lo que sea. Cada tanto tiempo se me ocurre que necesito cubrir gastos y me pongo a ver cómo puedo monetizar un poco para que al menos no me cueste dinero y gane un poco por las horas que invierto…

Lo que me encanta es la versatilidad que tiene el Blog como medio de autoexpresión, la creatividad ilimitada, la cantidad de cosas que puedes hacer como te de la gana porque es “tu casa”. Y la experimentación que hay en todo. En cuanto lees un poquito sobre blogging ves que todos te dicen que hay que especializarse en un nicho, que hay que hablar siempre de lo mismo, crear contenido de valor, interactuar en las redes sociales, tener una rutina de publicación, vender, poner anuncios… y al final para mí lo que ha funcionado ha sido sentirme libre de hacer lo que me diera la real gana sin pensar en quien me iba a leer. Dejar de pensar si iba a hacerme millonaria o no, de si mi tiempo vale esto o lo otro, de o si invierto más o menos horas esta semana y voy a perder o ganar likes y lectores. Si estoy motivada escribo, si no tengo ganas, no. 

¿Cómo concilias?

Pues yo pienso que la conciliación apenas existe en realidad; yo veo que no se concilia, que en realidad se apechuga y se sobrevive como uno buenamente puede, dejando muchas cosas atrás. Y ya está.

Yo personalmente sobrevivo con mucha ayuda de Papá Extraterrestre para tener un rato para mi y poder sacar cosas adelante; y desde que soy mamá me he vuelto “multitarea nivel Pro”, jajaja.

Pero nuestras mentalidades no están realmente preparadas para una conciliación real al 100%, nuestros roles en casa están socialmente tan condicionados y establecidos que es muy difícil darse cuenta de lo que hacemos por inercia y de lo que hacemos porque de verdad queremos ser así.

La conciliación es, bajo mi punto de vista (como muchas otras cosas que recriminamos a políticos y gente en posiciones de poder), algo que se cambia desde dentro, desde casa en el día a día. Y que cuando nosotros seamos capaces de cambiarlo, la sociedad cambiará de verdad, no sobre el papel. Para ello hacen falta muchas ganas de cuestionarse a uno mismo y enfrentarse a las creencias propias; revisar la infancia y la programación que hemos recibido, intentar no repetir con nuestros hijos lo que nos chirría… ¡¡ es un trabajo inconmensurable!! 

Siempre he pensado que si la conciliación fuera una realidad no se hablaría de ella en absoluto… nadie te pregunta “¿cómo respiras?”, ¿verdad? 

… … …

Muchas gracias, Priscilla, por compartir tu visión de la maternidad. Te seguimos en las redes. 

 

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