Mamá española en Alemania: María Ferreira

De África a Alemania. De trabajadora en un hospital psiquiátrico en Kenya a mamá de la pequeña Farah 24 horas en Cottbus. Conocemos a María Ferreira (@lavidaconfarah en IG), una mamá española en Alemania.

María Ferreira
María Ferreira

 

María es una madrileña con corazón africano. Analista de conflictos, periodista y escritora, María Ferreira lleva una década viviendo y viajando por África: Malawi, Egipto y Kenia. Se define como una persona con “vocación de feliz, con todos los reajustes continuos que ello conlleva”. 

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Llevas tres meses en Alemania. Has venido porque tu marido (su IG recoge su preciosa historia de amor) quiere especializarse, ¿no?

Eso es. Nuestros planes siempre fueron quedarnos en Kenia, pero debido a la corrupción del país y el estado del sistema sanitario fuimos conscientes de que era una locura. Alemania nos ofrecía la estabilidad y la seguridad que estábamos buscando. En Kenia, por ejemplo, hay que pagar la especialidad y no cobras un sueldo por ser residente. También consideramos el hecho de que si en el futuro quisiéramos vivir en Europa, la especialidad de Nabil no se convalidaría; tendría que trabajar como médico general. Sopesando los pros y los contras estaba claro que teníamos que tomar la decisión que nos permitiera darle a nuestra hija el mejor futuro posible. Eso sí, nuestro plan de vida es regresar y establecernos en el este de África.

VIDA EN ALEMANIA

Has escrito un libro “Tierra de brujas” que refleja parte de tu experiencia como trabajadora en un hospital psiquiátrico.

“Tengo 24 años y en el asiento trasero de mi coche han muerto más hombres de los que me han amado.”

 

Pasar de vivir esas experiencias a la tranquilidad de una localidad como Cottbus (donde, por cierto, también vive otra mamá española: Davinia), ¿te ha resultado difícil?

Mi vida en Kenia no era sostenible, desde un punto de vista emocional. Tampoco era realista. Me enganché a lo tremendo de manera no consciente.

“La felicidad de saber que aunque haya días malos y momentos tristes, estás donde quieres estar y eres quien quieres ser”

Cuando conocí a Nabil, en Nairobi, me di cuenta de que la vida allí también podía ser tranquila y feliz (no hablo de una felicidad como producto, sino de esa felicidad de saber que aunque haya días malos y momentos tristes, estás donde quieres estar y eres quien quieres ser). También fui consciente de que podíamos y debíamos prestarle atención a los acontecimientos injustos o negativos, pero sin caer en la negligencia de obviar lo positivo o lo neutro.

El cambio de chip vino cuando separé radicalmente mi vida profesional de la personal, cuando entendí que los extremos eran agotadores, y cuando empecé a tomarme a mí misma menos en serio. La vida en Cottbus, desde un punto de vista del análisis de conflictos, es muy entretenida. Es una ciudad con muchos movimientos contra la inmigración y los refugiados. Además vivimos en un hospital, lo que convierte nuestros días en una sucesión de historias muy duras. Podría volver a centrarme en esa dureza, pero trato de mantenerme fiel al esfuerzo de separar mi yo narrativo -la mujer que analiza, que escribe historias – de mi yo feliz, o mi yo aburrida, o la yo que quiere no hacer nada. Me cuesta mucho en ocasiones, pero supone un aprendizaje diario y eso es maravilloso.

Hablas de rechazo a los refugiados, a los inmigrantes…¿Cómo se vive con ese ambiente? 

El rechazo está ahí, existe por parte de ambos extremos: el extremo de los locales que rechazan al inmigrante, por miedo a lo desconocido, “al otro”, y a la identidad puesta en peligro; y también está el extremo de los inmigrantes que rechazan lo local por miedo a sentirse juzgados y a perder la identidad. Al final todo extremismo encuentra su explicación en el desconocimiento y en el miedo; por eso la única forma de que nosotros hemos encontrado de llevarlo bien es con paciencia, amabilidad y límites.
 
Al principio Nabil tuvo experiencias desagradables y llegó a decir que si Farah hubiera salido a mí lo tendría más fácil en la vida. Ese fue el punto en el que nos planteamos que no podíamos dejar que el color de piel definiera nuestro miedo o nuestras posibilidades, y nos liberamos completamente del peso: si a alguien no le gusta el color de piel de mi marido o mi hija es su problema.

“Me gusta saber que este es el país en el que nos estamos asentando como familia”

¿Qué balance harías de tu primer trimestre en Alemania?¿Algo que te haya sorprendido (para bien o para mal)?

Mi primer trimestre en Alemania ha sido como mi primer trimestre de embarazo: Precioso, emocionante, querido, caótico, lleno de miedos y de inseguridades, dificultades, malentendidos, y altibajos emocionales. Ahora mismo es cuando siento que todo va asentándose, por fin. 

Casi todo me ha sorprendido para bien. Si hace tres años me preguntas por el país en el que no querría vivir, hubiera nombrado a Alemania sin duda. Nunca pensé que pudiera gustarme. Y me gusta. Me gusta mucho. Me encanta la tranquilidad, la luz del atardecer, el silencio de la zona donde vivo, tener la naturaleza al lado; me encantan los lagos, los paisajes y los animales. Me gusta el idioma. Me gusta saber que este es el país en el que nos estamos asentando como familia. 

Lo que me ha sorprendido para mal es el sistema. En España siempre escuchamos comparaciones con Alemania en las que solemos salir perdiendo. Y sin embargo veo que en muchas cosas Alemania no es como esperaba. Un ejemplo es el sistema sanitario. En el lugar donde yo vivo encontrar pediatra o ginecólogo es casi misión imposible. Los médicos en general tienen muy poca empatía con el paciente. Otra de las cosas que no puedo entender es lo difícil que resulta encontrar guardería. 

IDIOMA Y BUROCRACIA ALEMANA

¿Han sido complicados los trámites para empezar a vivir aquí?

Están siendo muy complicados, las legalizaciones de los papeles de Nabil están llevando mucho tiempo porque él tiene la nacionalidad de Kenia. Además las instrucciones son muy enrevesadas y a veces nos encontramos con información contradictoria, pero poco a poco vamos desenredando el caos. 

Hay quien comenta que encontrar casa es una odisea, en vuestro caso, ¿cómo ha sido?

Somos muy afortunados porque vivimos en un edificio que pertenece al hospital. Lo malo es que escuchamos a las ambulancias y al helicóptero constantemente si tenemos las ventanas abiertas. Pero vivimos en un lugar muy agradable, tenemos al lado un bosque donde paseamos todos los días, y no estamos lejos del centro.

¿Hablas algo de alemán? ¿Y tu marido? 

Yo estoy aprendiendo por mi cuenta, todos los días dedico mínimo una hora. Me motiva muchísimo porque me apasiona la literatura en alemán e intento ir traduciendo poemas de autores alemanes. Me hace muy feliz ser capaz de ir entendiendo más y más. También aprendo mucho con los cuentos infantiles que le leo a mi hija y con las canciones del Krabbelgruppe (grupo de gateo). Nabil lo habla muy bien, está apunto de hacer el examen de C1; para ser médico tienes que tener un excelente manejo del idioma. 

Eres autodidacta con el alemán pero ¿tenías alguna base o lo estás aprendiendo de cero? ¿Algún consejo? 

Empecé de cero, no sabía ni decir “adiós”. Fui aprendiendo con las aplicaciones “Duolingo” y “Babbel”. Nabil me ayuda en casa, y fuera intento hablar lo máximo posible siempre que tengo la oportunidad. Mi nivel no es bueno, pero me logro hacer entender poco a poco y disfruto del proceso. 

MATERNIDAD EN ALEMANIA

Farah, hija de María y de Núbil

¿Cómo es tu día a día? ¿Tienes tiempo para tu doctorado? ¿Cómo te organizas?

Por las mañanas desayunamos juntos, limpiamos la casa, nos preparamos y Nabil se va al hospital.

Normalmente Farah duerme una siesta por la mañana, y ese es mi momento de café y escribir. Cuando se despierta nos vamos al Krabbelgruppe, donde juega con otros bebés. Es muy importante ese momento para las dos, se nos pasa la mañana volando cuando estamos ahí. A la hora de comer solemos ir al hospital para comer con Nabil, nos encanta el ritual de la comida y tratamos estar juntos siempre que es posible.

Después, en la siesta de Farah, vuelvo a sentarme a escribir o a leer. Las tardes son maravillosas, vamos al parque, paseamos y sobre todo: estamos con amigos o conocidos. Tengo muy buenos amigos como vecinos y nos montamos unas buenas tertulias mientras jugamos con los bebés. Las noches las suelo aprovechar también para trabajar un rato, pero normalmente me distraigo charlando con Nabil. 

“El Congo siempre estará ahí pero la infancia de mi hija no”

Hace un año que nació Farah. Si todos los nacimientos cambian, el tuyo lo hace especialmente porque supone renunciar no solo a trabajos sino también a un estilo de vida muy diferente. Aunque digas que “el Congo siempre estará ahí pero la infancia de tu hija no” imagino que tendrás tus momentos de bajón, ¿no? ¿Cómo los superas?

Me he dado cuenta de que antes me identificaba por lo que hacía: “he escrito esto, he publicado aquello, he viajado aquí o allá”, etc. No paraba. Ahora, que forzosamente he tenido que parar, he empezado a identificarme con lo que soy: una chica tratando de sacarle el máximo partido al momento en el que se encuentra ahora.

A pesar de que soy capaz de intelectualizar el cambio, en los días malos me frustro y me entra la angustia de “no estoy haciendo nada con mi vida”. Pero se me pasa en dos cafés y un abrazo. Es cierto que no estoy haciendo lo mismo que hacía antes, pero hago otras cosas que me hacen muy feliz: Acompaño a mi marido, que es mi mejor amigo, en su crecimiento como profesional, trato de que mi hija crezca con herramientas para ser libre y fuerte, y yo no paro de formarme y trabajar, aunque sea de una forma silenciosa y poco reconocida. 

¿Qué planes tenéis respecto a Alemania? ¿Os planteáis quedaros mucho tiempo?

La idea era quedarnos hasta que Nabil terminase su residencia, pero la vida da muchas vueltas y no quiero ponerle límites a lo que esté por venir. De momento nos toca crecer aquí, ya veremos en unos años. 

Mil gracias, María Ferreira por compartir las impresiones de vuestros primeros meses en Alemania. Te seguimos en IG; tus escritos son una delicia. 

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